Crimen de Angeles: Es mayor la sorpresa de los porteños en descubrir por los medios que la justicia trabajó 19 horas seguidas, que la indignación por haber encontrado a un perejil.

Caso Angeles: Luego de 19 horas de declaración testimonial sumando la de familiares y la del encargado del edificio, Jorge Néstor Mangeri, se ordenó la detención de este último como único sospechoso de haber sido el autor material del asesinato de Ángeles Rawson. Ahora bien, según las estadísticas oficiales de la Procuración General de la Provincia de Buenos Aires, el 28% de las sentencias dictadas contra personas detenidas terminan finalmente en la absolución o el sobreseimiento, es decir, tres de cada diez presos son inocentes. A diferencia de lo que se podría creer en un primer análisis, los expertos estiman que la principal causa para que haya tantos reclusos inocentes no es la lentitud de la Justicia, sino todo lo contrario: la prisa por resolver los casos.  Especialmente cuando hay mucha presión por parte de la opinión pública.El especialista en criminología Ricardo Canaletti explica que “en el apuro, y ha pasado en varias oportunidades, los investigadores suelen recurrir a los sospechosos de siempre, o a otros clientes del sistema penal que generalmente son las personas más vulnerables social y económicamente. Son ellos los elegidos para descomprimir la presión social que hay sobre los casos criminales”. El fenómeno de una enorme cantidad de reos inocentes se extiende por toda América Latina. Según Canaletti, está muy relacionado con la forma que tienen los países latinoamericanos de investigar delitos y con la mayor inseguridad. “Cuanta más inseguridad, mayor presión social para que esos delitos se resuelvan. Y esa presión social se canaliza rápidamente en presentar a quien no es culpable como culpable”, afirma. A esto se suma un polémico recurso legal, el secreto del sumario, que muchas veces deja al acusado sin herramientas para defenderse. La clave para avanzar en la gravísima cuestión de tantos presos inocentes podría ser encontrar un delicado equilibrio. Por un lado, darles a las autoridades el tiempo que realmente necesitan para investigar de manera responsable un delito. Y por el otro, tomar conciencia de la urgencia de las víctimas y de la sociedad que claman Justicia. De por medio está en juego la libertad de miles de personas que permanecen tras las rejas, y muchas de ellas de manera injusta.

Luego de 19 horas de declaración testimonial sumando la de familiares y la del encargado del edificio, Jorge Néstor Mangeri, se ordenó la detención de este último como único sospechoso de haber sido el autor material del asesinato de Ángeles Rawson.

Ahora bien, según las estadísticas oficiales de la Procuración General de la Provincia de Buenos Aires, el 28% de las sentencias dictadas contra personas detenidas terminan finalmente en la absolución o el sobreseimiento, es decir, tres de cada diez presos son inocentes.

A diferencia de lo que se podría creer en un primer análisis, los expertos estiman que la principal causa para que haya tantos reclusos inocentes no es la lentitud de la Justicia, sino todo lo contrario: la prisa por resolver los casos.
Especialmente cuando hay mucha presión por parte de la opinión pública.El especialista en criminología Ricardo Canaletti explica que “en el apuro, y ha pasado en varias oportunidades, los investigadores suelen recurrir a los sospechosos de siempre, o a otros clientes del sistema penal que generalmente son las personas más vulnerables social y económicamente. Son ellos los elegidos para descomprimir la presión social que hay sobre los casos criminales”.

El fenómeno de una enorme cantidad de reos inocentes se extiende por toda América Latina.

Según Canaletti, está muy relacionado con la forma que tienen los países latinoamericanos de investigar delitos y con la mayor inseguridad. “Cuanta más inseguridad, mayor presión social para que esos delitos se resuelvan. Y esa presión social se canaliza rápidamente en presentar a quien no es culpable como culpable”, afirma. A esto se suma un polémico recurso legal, el secreto del sumario, que muchas veces deja al acusado sin herramientas para defenderse.

La clave para avanzar en la gravísima cuestión de tantos presos inocentes podría ser encontrar un delicado equilibrio. Por un lado, darles a las autoridades el tiempo que realmente necesitan para investigar de manera responsable un delito. Y por el otro, tomar conciencia de la urgencia de las víctimas y de la sociedad que claman Justicia. De por medio está en juego la libertad de miles de personas que permanecen tras las rejas, y muchas de ellas de manera injusta.

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